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LA COLUMNA DEL JEFE FLEISCHER HARO – EL TÉRMINO “SEGURIDAD”

Como muchos tratadistas lo señalan, el término “seguridad” deviene del latín “securitas”, asociado a una matrona romana que personificaba la seguridad de una persona (lanza), estabilidad (cuerno de la abundancia) y, en muchos aspectos, el triunfo (rama de olivo).

La seguridad es un estado mental o de ánimo, una sensación, algo intangible producto de la percepción, conocimiento o certeza de estar libre de amenazas, peligros y riesgos… que no existe si no es a través de una asociación o relación entre el individuo o grupo de individuos, con personas, cosas o situaciones específicas: seguridad personal, seguridad financiera, seguridad laboral, seguridad industrial, seguridad patrimonial, seguridad económica, seguridad de documentos, seguridad informática, seguridad de instalaciones, seguridad sanitaria….

Asimismo, al hablar de seguridad, nos referimos a una condición inherente y

hasta sine qua non de las personas naturales, personas jurídicas o grupos y comunidades, para nacer, crecer y desarrollar sus fines y objetivos

Un instructor israelita en seguridad de personas VIP, afirmó en una ocasión que nadie puede garantizar la seguridad de otros, lo que debe interpretarse como que la seguridad de cada persona reside en sí mismo, en su actitud y habilidades, pero sobre todo, en la manera como maneja su interacción con el medio que le rodea.

La historia, y la lectura de situaciones críticas y negativas ocurridas a personas e instituciones, tienden a ratificar la afirmación del instructor.

Hemos perdido buenos amigos que, a pesar de ser profesionales en sus campos de actividad, perdieron la vida por un descuido, por exceso de confianza o por no valorar adecuadamente los riesgos y amenazas de lo que estaban enfrentando.

La seguridad no es algo mecánico ni

producto del azar, todo lo contrario, la seguridad es un resultado, un frágil resultado que, como el amor, debemos construir cada día, todos los días de nuestra vida. Un descuido o una distracción, algún elemento que no se consideró o se valoró de manera inadecuada o la falta misma de información veraz y pertinente, puede acabar con el mejor sistema de protección o la más moderna tecnología de prevención…

Siendo una condición o resultado intangible, lo fundamental de la seguridad no se encuentra en los equipos o la tecnología, tampoco en los procedimientos o protocolos, sino, ciertamente, en la actitud de las personas que intervienen en procurarla…

SEGURIDAD PENITENCIARA Y LA NUEVA IDENTIDAD

Conforme la representación romana, la seguridad encuentra su verdad en el orden, la estabilidad y el triunfo, frente a todo aquello que amenaza o pone en peligro

nuestra capacidad para crecer, desarrollar y dar cumplimiento a nuestros fines y objetivos.

Seguridad Penitenciaria será, entonces, aquella condición temporal que se obtiene mediante el manejo adecuado de los riesgos conocidos y previsibles en el centro penal o en el Sistema Penitenciario, a fin de garantizar y facilitar la provisión de programas de reeducación, rehabilitación y reinserción social para personas privadas de libertad, sin comprometer la integridad del personal penitenciario y los recursos e infraestructura a su alcance.

La seguridad penitenciaria es un producto frágil del equilibrio entre la capacidad de la Administración en asegurar y mantener el orden y el control del Sistema, frente al interés y actividad de los privados de libertad por explotar oportunidades y vulnerabilidades en su beneficio.

En las cárceles, la práctica del tatuaje pone al descubierto un submundo de significados ocultos.

Los presos fueron unos de los primeros grupos que usaron los tatuajes para diferenciarse del resto de la sociedad, ya sea como señal de rebeldía o como símbolos de pactos entre logias carcelarias.

 

Hacia mediados del siglo XIX, los sistemas clasificatorios e identificatorios a los criminales comienzan gracias a la intervención del método antropométrico de filiación, inventado por Alphonse Bertillon, a fines del 1800; y el sistema de huellas digitales, los procedimientos de identificación personal permitieron llevar un control y registro exhaustivo de la población.

A partir de ese momento, las marcas constituyeron elementos decisivos a la hora de determinar los procesos oficiales de la ley y del castigo. De acuerdo con la mirada institucional, a partir de la regularidad de ciertas formas se constituyó una tipología de conductas dentro del ámbito criminalística de antaño.

A raíz de este método de identificación el tatuaje adquiere connotaciones discriminatorias y de exclusión. Dado que los tatuajes no se pueden borrar en la piel, no sólo se transforman de este modo en documentos de identidad, sino también en una suerte de condena a muerte. Prueba de esto fueron los campos de desaparición en América Latina, durante las dictaduras militares, pasando por el Gulag y los campos de exterminio nazis.

Allí, la negación de la identidad era obligatoria, se despojaba al recién llegado de todo elemento o atributo que pudiera remitir a su condición de individuo social. A la vez que se le otorgaba una “nueva identidad”, para diferenciarlos dentro del reducto.

“En Auschwitz -según señala Hannah Arendt, en su libro “Crisis de las Repúblicas”- el número tatuado daba cuenta de la fecha de ingreso al campo y también se lo utilizaba para indicar ciertos rangos (los números altos correspondían a los millonarios, quienes eran despreciados por los números bajos, que se

correspondían con los que habían entrado primero).”

Los tatuajes de los presos rusos

Aparentemente la explicación está en la biblia (recordemos que los rusos en contra del régimen comunista, los primeros presos de la revolución rusa que iban a parar a los “Gulags”, eran en su mayoría cristianos).

Se calcula que hay entre 20 a 30 millones de tatuados solamente en las prisiones rusas.

 

Los tatuajes se hacen bajo condiciones precarias, aplicado tinta hecha de orina, hollín y champú con agujas y máquinas de afeitar eléctricas.

Es de esperar que más de un delincuente se infecte o muera por estos procedimientos

Según el libro del Génesis, Dios puso una marca permanente en Caín (el primer asesino) antes de enviarlo al exilio, quedando así con una eterna señal de criminal y marginal.

Es por esto que gran parte de los símbolos usados por la mafia rusa son religiosos.

Los tatuajes servían como sistema de clasificación, y cada símbolo tenía un significado.

 

Roberto Fleischer Haro

 

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

 

Registro Nacional de Seguridad Pública